¿Por qué estudiamos filosofía?
¿POR QUÉ ESTUDIAMOS FILOSOFÍA?
Estudiamos Filosofía para despertar y llevar a la perfección las cualidades internas del alma humana: el sentido de ecuanimidad, la comprensión profunda, el sentido de medida, la imperiosa fuerza de la voluntad, el poder de adaptación del alma humana a los nuevos desafíos, la magia de la renovación sin pérdida de valores esenciales, la estabilidad en medio de las tormentas de la vida, la capacidad de ser objetivos en medio de las corrientes psíquicas de las modas y opiniones colectivas, la belleza de la autenticidad sin máscaras...
Estudiamos
filosofía para iluminar el recto conocimiento, para ver la vida desde el
ojo de la razón y del alma y no desde la dimensión de las pasiones ni
la de las sensaciones. Para saber que la muerte no existe y que la vida
exige una continua capacidad de amar y de dación. Para estudiar la
química de la vida y la alquimia del alma. Y, lo más importante de todo,
para descubrir que toda la humanidad es, verdaderamente, una gran
familia, y que por lo tanto el estado natural del alma humana es la
fraternidad, la amistad pura sin intereses mezquinos que la adulteren.
¿POR QUÉ ES TAN NECESARIA LA FILOSOFÍA EN TIEMPOS DE CRISIS MORAL?
Ahora, si analizamos la crisis moral hondureña actual, que nos tiene viviendo con miedo a una violencia sin sentido, con una educación de muy baja calidad, con altos índices de pobreza y corrupción, descubriremos que detrás está el fenómeno de la carencia de valores éticos. Si no queremos formar parte de la crisis y la decadencia, ¡necesitamos ser éticos, necesitamos filosofía!
¿Cuál es el verdadero enemigo solapado que ha provocado semejante crisis moral? La respuesta podría ser muy variada, pero si aplicamos filosofía y nos adentramos en las causas apuntaremos dos grandes razones: la ignorancia y el materialismo.
La ignorancia se debe a una educación pobre en valores e ideales. Hace que la vida no cobre ningún sentido trascendente. El ignorante está ciego ante la verdad, la justicia y la bondad.
No mira más allá de sus intereses mezquinos de corto plazo. Los ignorantes son hombres y mujeres corrientes, vulgares, egoístas y por ello vulnerables, no tienen ninguna protección para ser corrompidos; y finalmente la maldad les pone precio en sus frentes.
El materialismo es el que hace prevalecer “las cosas” por encima del honor y del espíritu y convierte a los seres humanos en simples consumidores.
Los materialistas buscan la felicidad en la obtención fácil de los placeres y las cosas. Vivir con la premisa “tanto tienes, tanto vales” es una carrera sin fin, es un hambre que no logra saciarse. Nada será suficiente para el materialista y normalmente se compromete en su búsqueda loca hasta las últimas consecuencias, aunque tenga que matar, prostituirse, traicionar, mentir, robar, etc.
Pero afortunadamente todo proceso social que deliberadamente se ha llevado a un extremo, y aunque sintamos que hemos tocado fondo, todo puede revertirse. Después de toda edad media viene un renacimiento, pero no será gratis y tendremos que hacer nuestro esfuerzo consciente.
En primer lugar reconocer que las crisis son necesarias. Sin crisis siempre permaneceríamos en el mismo lugar mental y emocional; debemos estar preparados para cualquier crisis y aprovechar las oportunidades que trae. Para ello se requiere una mente abierta y poder vivir intensamente el presente, con todo lo que nos ofrece, sin dejarse llevar por el miedo: nos permite ver las cosas como son y no como tememos o nos gustaría que fueran. De esta manera, aumenta nuestra capacidad de reacción.
En segundo lugar educarnos filosóficamente para acoger un Ideal de Vida y cuanto más elevado sea el ideal, mejor. Los ideales nos permiten crecer por dentro, ya que adquirimos más conocimientos y ganamos autocontrol y también crecemos por fuera, en nuestra capacidad de hacer cosas.
Y finalmente debemos desarrollar los “valores” humanos, esos que Platón llamó Virtudes y que generan en nosotros una actitud que nos lleva a buscar el bien y a rechazar el mal. El espíritu de victoria necesario para enfrentarnos a todas las dificultades y peligros que la vida nos presente.
Las virtudes son nuestros poderes latentes, hijos de nuestra voluntad, de nuestra capacidad de amar y compartir y de nuestra inteligencia; expresión de nuestra nobleza de alma. Vivir con Valores nos enseña que no somos perfectos, pero sí perfeccionables.
Es preciso recuperar el saber de las grandes culturas y de los grandes hombres y mujeres de todos los tiempos, inspirarnos en las grandes obras, en las grandes ideas que han enriquecido por siempre, el gozo y la identidad de la condición humana. Vivimos en un mundo que hace demasiado énfasis en el individualismo enajenado, violento y poco solidario, que nos deshumaniza día a día de manera dolorosa.
Tendremos la batalla perdida cuando la maldad y lo “incorrecto” lo asumamos como normal, como parte del paisaje, lo que nos llevaría a conformarnos y aceptarlo y eso nos transformaría en cómplices pasivos. Mientras experimentemos indignación y molestia con todo acto no ético, habrá esperanza.